Al encuentro de María en Lourdes. 24-26 abril 2015
Un año más, hemos podido peregrinar a Lourdes para venerar a la Santísima Virgen. Nuestro Vicario Parroquial, encabezando un grupo de 35 peregrinos, incluidos nuestros amigos de El Pardo, bendijo el inicio del viaje a las ¡6,35 horas!, con doce grados de temperatura y tiempo variable. El conductor ha sido el amigo David, que ya nos ha llevado otras veces y que está totalmente integrado en el grupo como un peregrino más.
A las doce de la mañana, asistimos a la Santa Misa, concelebrada por D. Enrique, en la Capilla de la Virgen del Pilar, en Zaragoza, con mención especial de nuestra asistencia y después de besar la Columna de la Virgen, paseamos por la ciudad en una mañana soleada.
A la una y media, almorzamos en el restaurante “La Paloma”, en la Plaza del Pilar y a las tres menos cuarto salimos con dirección a Formigal y pasamos a Francia por “El Portalet”, llegando a Lourdes a las siete y diez de la tarde.
Nos instalamos en el Hotel “Esplanade Eden”, cenamos en horario europeo algo retrasado y la mayoría de peregrinos nos fuimos a la Basílica con diversos destinos: La Gruta, La Cripta, Basílica del Rosario, Basílica de San Pío X, etc.
El sábado 25, a las ocho de la mañana, con la fresquita, rezamos el Vía Crucis a lo largo de todo su recorrido con gran recogimiento y a las diez celebramos la Eucaristía en la Capilla de San Gabriel.
A las doce y media almorzamos en el hotel y cada uno destinó la tarde discrecionalmente.
Cenamos a las siete de la tarde y a las nueve, todos juntos, con nuestro estandarte, participamos en la Procesión de las Velas y el Santo Rosario.
El domingo 26, volvimos a madrugar para celebrar la Eucaristía en la Capilla de La Cruz Gloriosa, habiendo dejado cargado el autobús con las maletas previamente. A las diez menos cuarto, partimos hacia Bayona, cruzamos la frontera por Irún en torno a las doce y terminamos en Azpeitia, para almorzar en Loyola, junto a la cuna de San Ignacio.
A las tres y media acometimos la última etapa del camino, paramos a las seis de la tarde junto a Lerma y a las nueve y cuarto llegamos a Torrelodones.
Con el lío habitual de equipajes, ahora incrementado con las garrafas de agua que casi todos traemos, nos despedimos de todos los compañeros de viaje, celebrando el buen tiempo que hemos podido disfrutar durante toda la peregrinación.
Si Dios quiere, nos volveremos a encontrar en futuras ocasiones.
UN PEREGRINO