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JESÚS SALE A TU ENCUENTRO

JESÚS SALE A TU ENCUENTRO

Aquí tenéis la meditación de nuestro Párroco sobre los Evangelios de los días de la Octava de Pascua, como es habitual en audio y en texto.

Ya tenía ganas de contactar con vosotros. Es algo que echo en falta. Pero es bueno que descanséis de sermones. Quisiera enviaros algo una o dos veces por semana, pero no siempre lo consigo. A pesar de la situación, no me aburro.

En estos días de la Octava de Pascua, los Evangelios que leemos nos hablan de los encuentros de Jesús con distintas personas. Cuando nace Jesús la gente va a su encuentro: los pastores y los Magos. Cuando Jesús va predicando por las aldeas también se acercan a Él, bien por curiosidad o por estar interesados. Tras la Resurrección es Jesús quien va al encuentro de la gente. Algo que se repite en la llamada personal del Señor en la que Él toma también la iniciativa.

Mateo nos relata que un ángel retira la piedra y dice a las mujeres que ha resucitado y que anuncien a los discípulos que vayan a Galilea. Luego Jesús se aparece, les dice alegraos y que digan que vayan a Galilea. Los soldados van a los ancianos y les dan dinero para callarles.

Marcos nos refiere que las mujeres van el domingo y ven la piedra corrida y dentro un ángel, que vayan a Pedro y le digan que vayan a Galilea. Se aparece a Magdalena de la que echó 7 demonios, ella volvió a Pedro y no la creen, luego se aparece a los 2 de Emaús. Luego a los 11 y les recriminó su incredulidad a Magdalena y a los de Emaús. Y les hace el envío de ir al mundo entero y predicar

Lucas contará que la estaba piedra corrida y las mujeres no vieron a nadie, se aparecen dos con vestidos refulgentes y les habla de lo que estaba escrito, la resurrección, tras esto fueron a los 11. No las creen y Pedro y Juan van al sepulcro, siendo Juan el que viendo la posición de los lienzos creyó y volvió asombrado. Luego los de Emaús. Y finalmente se aparece en medio de los discípulos y les recordó las escrituras y se les abrió el entendimiento

Juan dirá que Magdalena ve el sepulcro vacío y va donde Pedro y este salió con Juan y van al sepulcro y ven lienzos y Juan vio y creyó. Aparición de Jesús a Magdalena y cuando la llama por nombre ella le reconoce. Magdalena volvió a los 11. Por la noche se aparece a los 11. A los 8 días se aparece a Tomás que no estuvo en la reunión anterior.

Estos son los relatos vistos de modo sucinto y en ellos vemos que Jesús es quien toma la iniciativa de salir a su encuentro, porque las mujeres van a ver un cadáver y no lo hayan, pero Jesús vivo y resucitado sale a su encuentro y solo le reconocen cuando Él se deja reconocer. Benedicto XVI dirá que: “Se empieza a ser cristiano no por una decisión ética sino por un encuentro personal con Jesucristo”.

¿Qué sucedió tras el encuentro? Algo debe moverse en el corazón. Los pastores admiraron y los Magos adoraron. ¿Te sientes llamado a la adoración cada vez que acudes a ver a Jesús? Si no es así, tal vez en lugar de encuentro se da una cercanía. El encuentro es otra cosa. Este es fruto de la Gracia que siempre nos antecede. Adoración, decía un amigo mío significa: 1) Asombro y reconocimiento de una grandeza que no es la mía. Reconocer la soberanía de Dios y mi obediencia. Donde reconozco que Dios lo da todo y yo, en cambio, lo recibo todo. 2) Afectó, intimidad, ternura, y por tanto sumisión y tiene que ver con el amor. Ambas confluyen en su máxima expresión en la Eucaristía. Adoración habla de entrega y amor y esto se traduce en pequeños regalos diarios a Dios. Sino será como el sacristán descreído que se acostumbró a Dios. El primer encuentro se dio en el bautismo y mediante la fe que trasmiten los padres (de niño recuerdo que mis padres nos llevaban a los hermanos una vez al año al Niño del Remedio y es algo que guardo en la memoria con cariño) como pasó a los pastores y a los Magos. Luego vendrá la escucha a Jesús, como hacían los que le seguían por Judea y Galilea porque daba muestras de cercanía. Igual que cuando el habla a nuestro corazón que uno lo siente cercano. Luego será El quien sale al encuentro, no físico sino espiritual con la mente y el corazón a través de la fe, pero que puede ser más intenso incluso.

¿Percibes esto en tu vida? Cómo a través de tus padres o abuelos un día te llevaron a Jesús. Cómo hay recuerdos de tu niñez que te llenaron de ternura a Jesús. Cómo en momentos concretos sentías que Él estaba a lado tuyo. Cómo en la presencia de Jesús en el Sagrario te emocionabas de la grandeza de Dios y de tu pequeñez y sentías que le adorabas y te llenabas de acción de gracias. Cómo en momentos de dificultad Él estaba ahí para darte fuerzas. Si tu respuesta es afirmativa, te diré que has tenido ese encuentro con Jesús y vale la pena guardar memoria para que acudas a ese recuerdo y vuelvas a llamar a Jesús y encontrarte con El. Porque en esos instantes tu corazón se llenó de paz y alegría.

Jesús toma la iniciativa con los desolados. Así que en este tiempo Jesús sale para decirte: estoy vivo. He resucitado. Uno piensa que se terminan las dificultades con su Resurrección: los problemas y los miedos. No fue así con los apóstoles y sin embargo recuperaron la alegría de tener a Cristo en medio de ellos y que no había sido nada en vano, pero los problemas no les abandonarán. Eso sí les dio fuerza y esperanza y un sentido a sus sufrimientos posteriores. Sufrirían por el reino de Dios y esto generaba nuevos cristianos. Tú reza y ofrece todos estos sinsabores, temores y dificultades para que de aquí haya un resurgir de vida cristiana. Hay que empezar a rezar por el tiempo post-coronavirus, para reclamar también la ayuda divina.

A Magdalena la llama por su nombre y ahí se llenó de alegría. Este pasaje siempre me recuerda el momento en que comunicamos nuestro nombre a Dios en el Bautismo. Dios te conoce por tu nombre porque eres hijo suyo.

A las mujeres les anuncia un ángel lo sucedió para dar solemnidad al hecho. Da a entender quién era realmente Jesús, Dios presente en medio de los hombres.

A los del camino a Emaús les habla con las escrituras y al partir el pan. A Jesús vivo y resucitado le vamos a encontrar siempre en los Evangelios y en la Misa como lugares preferentes. Ahí siempre se da a conocer

A Juan le abrió los ojos por la posición del sudario y las vendas. Son esos pequeños detalles que nos hablan de la presencia de alguien, como cuando por la voz de quien no vemos o escuchamos los pasos de quien no atinamos a ver, pero sabemos de quien se trata.

A los apóstoles les encomienda una misión y les recrimina su falta de fe en El y en quienes previamente les anunciaron la resurrección. A ellos les muestra las consecuencias de la Pasión en sus llagas, para recordarles dónde siempre le encontrarán, en la Cruz

A María no se menciona en el Evangelio que la viera y, sin embargo, la tradición dice que fue la primera a quien se apareció. Tal vez no lo necesitaba porque nunca dudó de que así sucedería.

En todos los casos la alegría inundó su vida y la tuya también se verá irradiada de esa alegría si te dejas encontrar por Jesús y si sales a su encuentro, incluso a pesar de los problemas. Él está cerca de ti si le ves en tu vida. ¿Le reconoces? Búscale pues ciertamente está cerca de ti.

Dios te bendiga.

 

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