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50 Retazos sacerdotales: Pedro Luis López García (Ordenado en 1981)

Captura de pantalla 2013-11-20 a la(s) 20.07.01A continuación os ofrecemos el testimonio vocacional de Pedro Luis López García, Párroco de San Ildefonso en Chueca. “Sin mérito alguno por mi parte, me elige para compartir su eterno sacerdocio” es el título de su testimonio, que se da a continuación y que está  incluido en la página 55 del libro “Alzaré la copa de la salvación”. En este libro 50 sacerdotes de nuestra diócesis nos cuentan su vocación. Se encuentra a vuestra disposición en la Delegación de pastoral vocacional.

Testimonio

Soy sacerdote porque Dios quiere y porque Dios me quiere, esto es lo primero que me viene a la cabeza siempre que se me hace esta pregunta; no encuentro ninguna otra razón ni argumento. Yo mismo muchas veces me he preguntado y me pregunto ¿por qué yo Señor?, ¿seguro que es a mí a quien has elegido? y la respuesta siempre es la misma: siento en lo más profundo de mi ser una gran paz  que me llena de serenidad, de gozo y me da seguridad de que esta es la vocación que Él quiere para mí y, por eso,  no la cambiaría por ninguna otra cosa en este mundo; con temor y temblor me atrevo a afirmar rotundamente que esta es la respuesta que el mismo Señor da a todos estos interrogantes. Por eso, siempre que pienso en mi vida sacerdotal me acuerdo de aquellas palabras del apóstol Pablo cuando, en su primera carta a Timoteo, afirma: “Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio…” y continua un poco más adelante afirmando: “el Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús” (I Tim 1, 12.14).

Pues esos son exactamente mis sentimientos y mi experiencia de fe y de vocación sacerdotal; cómo no reconocer que toda la vida es fruto del Amor misericordioso  de Dios-Padre, que no sólo nos la regala generosa y gratuitamente, sino que, por el Bautismo, nos hace partícipes de su misma vida, haciéndonos hijos suyos y miembros vivos del Cuerpo de su Hijo, Jesucristo: la Iglesia, y, además, “sin mérito alguno de mi parte, me elige para compartir su eterno sacerdocio” para servicio de la Iglesia y de todos los hombres.  Y, así mismo, cómo no reconocer y agradecer al Señor de todo corazón  los medios y buenas personas que pone en el camino de nuestra vida y de nuestra vocación sacerdotal para capacitarnos y hacernos dignos de este ministerio tan extraordinario que llevamos como pobres vasijas de barro; por eso, quiero expresar mi más cariñoso y sincero agradecimiento a las personas, que de una forma u otra, me ayudaron para que la obra buena, que el mismo Dios comenzó en mí, se fuera llevando a cabo felizmente como Él quiere.

Hago mención expresa del que fuera párroco de Perales de Tajuña, mi pueblo natal, D. Antonio Barcala, que me bautizó y me dio la Primera Comunión, sin ninguna duda él fue el origen y la causa de mi vocación sacerdotal, estoy convencido que fue el instrumento elegido por Dios para despertar en mí la llamada al sacerdocio; y así como otros sacerdotes que, tanto dentro del Seminario, o fuera en las distintas parroquias por las que he pasado, han sido auténticos maestros y fieles instrumentos de los que el Señor se ha servido para confiarme el don del ministerio. También el reconocimiento agradecido a mis padres por su testimonio sencillo y profundo de fe cristiana, así como por los grandes esfuerzos que hicieron para que yo fuera sacerdote.

Termino dando testimonio de reconocimiento a la fiel compañía de la Madre del Señor, María, la Virgen, ella ha sido, a lo largo de estos años de ministerio, modelo, consuelo, refugio, auxilio y fortaleza de mi vida sacerdotal, mi vida y mi sacerdocio no los entiendo sin ella; por eso, elegí como lema de mi sacerdocio la palabras del Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” para que guiado por la total disponibilidad a la voluntad de Dios, como María hizo, lleve a feliz término la “obra buena que Él mismo comenzó en mí”.

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